Robinson Crusoe: Un poco de Historia
La isla de Robinson Crusoe se erige en medio del océano pacífico como una formación rocosa empinada que pareciera no dar cabida a la especie humana. Sin embargo, posee una pequeña bahía que ha permitido por años el desembarco de poblaciones que van y vienen desde territorios continentales.
Su descubrimiento se debe a la hazaña del piloto portugués Juan Fernández, quien en 1574 buscando una ruta más corta entre el puerto de El Callao, en Perú y Penco, en Chile, se cruza con dos islas a las cuales bautizó con el nombre de Santa Cecilia (posteriormente Robinson Crusoe) y Santa Clara.
Sin embargo su “colonización natural” comienza millones de años antes con la llegada de las primeras semillas que traídas por el viento, las aves o flotando por el mar se transforman en los habitantes fundadores del archipiélago. Las plantas que crecieron producto de este poblamiento serían los ancestros de las que hoy conocemos. Muchas de ellas son especies únicas en el mundo.
En 1750, los españoles fundan San Juan Bautista y construyen el Fuerte Santa Bárbara transformándolo en un presidio. La población civil, a causa de los desastres naturales y los crímenes cometidos por los delincuentes y las numerosas rebeliones, emigra al continente sucediéndose una serie de fundaciones y refundaciones de esta conflictiva colonia.
Fue en esta época donde comienzan gran parte de las actividades de explotación masiva de los recursos naturales lo cual acarreó profundos trastornos y desequilibrios ecológicos, generados por la introducción de animales exóticos domesticados, flora para alimentación y las primeras especies invasoras como ratas y lauchas. En 1814 patriotas chilenos fueron exiliados y desterrados hasta 1820 donde sobrevivieron en muy malas condiciones de alimentación y ambiente.
Hasta mediados del siglo XIX las islas fueron coto de caza ilegal e indiscriminada de lobos marinos por parte de loberos o skinners ingleses, franceses y estadounidenses. Entre 1788 y 1809, operaron con alrededor de 74 navíos, exterminando más de 5 millones de ejemplares, llevando la especie a su casi extinción.
En 1814, tras la derrota de Rancagua en la Guerra de la Independencia, ilustres patriotas chilenos fueron desterrados a Robinson Crusoe, militares e intelectuales, como Manuel Blanco Encalada, Juan y Mariano Egaña, Manuel de Salas, José Ignacio Carrera Pinto y Luis Ovalle. Un incendio destruyó sus chozas e hicieron unas cuevas en el cerro para mayor seguridad. Actualmente existen siete cuevas con unos cuatro metros de altura y diez de profundidad, que testimonian sus condiciones de vida. Las islas fueron declaradas oficialmente como territorio chileno en 1819.
Autorizado por el gobierno chileno, en 1877 se instala el barón suizo Alfredo de Rodt, militar del emperador Francisco José de Austria, quien invierte toda su fortuna en la explotación y colonización definitiva de las islas. Desde entonces una corriente inmigratoria del más diverso origen constituye la base de su población actual.